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Tributo de las Tres Vacas 09/07/2018

Tributo de las Tres Vacas

El 13 de julio de cada año se reúnen en la frontera con Francia, en torno al mojón fronterizo 262, los representantes de ambas vertientes de pirineo, los roncaleses ataviados con la indumentaria tradicional roncalesa, para en una singular ceremonia, entregar los del Baretous a los roncaleses un tributo de tres vacas, renovar los votos de paz y nombrar guardas que cuiden los puertos. No existe ningún documento que nos permita establecer con exactitud la antigüedad de este acto. Del año 1375 corresponde la primera referencia documental que se conoce del Tributo, concretamente una sentencia arbitral en la que queda claro que ya entonces el origen de este acto se había perdido en la memoria histórica. Cualquier fecha que se asigne es pura hipótesis. Se sabe que tras el incendio que padeció Isaba en 1427 en el que se quemó el archivo del Valle de Roncal, la persona encargada del cuidado del archivo, elaboró un libro en el que recogió todo lo que su memoria le permitió de cuanto había leído en los documentos quemados. Aquel libro sitúa el origen del tributo 628 años después de la fundación de Roma, o sea unos 125 años antes de Jesucristo y lo atribuye a la invasión Címbrica.

Los cimbrios, pueblos afincados en lo que hoy es el norte de Alemania, atravesaron los Pirineos por el Valle de Roncal destruyendo y quemando sus pueblos ayudados por los habitantes del valle de Baretous.

Los roncaleses no tuvieron oportunidad de vengarse de los cimbrios, que pronto se alejaron, pero sí de los baretoneses; les hicieron guerra, les vencieron y se obligaron en el tratado de paz, a entregar anualmente un tributo perpetuo de tres vacas. Esta hipótesis, que sitúa el origen en un tributo de guerra, refuerza la idea de que se celebra de tiempo inmemorial, tal y como se recoge en documentos posteriores. Si fuera un tributo a cambio de pastos, este no podría ser perpetuo, bastaría con dejar de usarlos, pero la sentencia de 1375, y otras posteriores, no dan lugar a una posible interrupción, por lo que nos hallaríamos ante un tributo de guerra perpetuo, avalado por tres importantes documentos.

La ceremonia, presidida por el alcalde de Isaba y en la que cada uno se coloca en su territorio, se inicia cuando este pregunta tres veces seguidas a los franceses si vienen dispuestos a pagar el tributo de las tres vacas como en años anteriores, que serán de 2 años, de igual cornaje y pelaje y sin tacha alguna. Tras la respuesta afirmativa se colocan las manos superpuestas sobre el mojón fronterizo, empezando los franceses y colocando sobre todas ellas la del alcalde de Isaba, quien con su vara de mando proclama en voz alta "Pax avant, Pax avant, Pax avant". A continuación se eligen las vacas. El alcalde de Isaba entrega un recibo y se designan los guardas de los puertos, como fin de la ceremonia.

Es una fecha festiva, es un tributo de paz y de hermandad.

Los franceses tienen derecho a pastar durante 28 días consecutivos a partir del diez de julio. En cambio los roncaleses tienen el disfrute hasta el 25 de diciembre. Esta última, aunque más larga, es una temporada peor, ya que a finales de septiembre el clima propio de estos montes hace muy duro el aprovechamiento de los pastos.